Papá Postizo.

“Les presento a mi papá postizo.”

Ha sido la frase más dulce y hermosa jamás escuchada proveniente de una niña de escasamente 9 años, alumna de mi academia, al referirse a mí entre sus compañeras y un grupo de madres, con una inmensa y tierna sonrisa, como un segundo papá o un papá artístico. Este enorme y significativo calificativo devela, no solo el respeto y la admiración hacia un maestro, sino también el gran afecto y cariño que puede sentir su transparente corazón, gracias al respetuoso y cálido trato que reciben todas y cada una de nuestras alumnas por parte de todo el personal de esta institución artística.

No en vano ese sentimiento florece en cada niño, joven o adulto que hace parte de esta gran familia, en donde se enseña, como eje fundamental, el amor, el respeto, la pasión por el ballet y la persona humana, tomando el arte como pretexto para formar ciudadanos de alta calidad y que a través del ballet hemos podido sembrar en cada uno de nuestros alumnos.

De esta manera hemos cosechado, no solo grandes bailarines, sino también un ramillete de personas formadas dignamente, bajo unos valores significativos que ponen en alto nuestra institución como líder en la formación artística, renovando esquemas tradicionales de enseñanza y certificando que con el corazón y la sabiduría se logra lo inimaginable.

Festejamos con gran orgullo y gratitud todas aquellas personas formadas en el Ballet de Barranquilla que hoy día expresan sus testimonios con la convicción de una noble misión cumplida a través de tantos años y que nos impulsan a seguir en la vanguardia del arte universal en Colombia, multiplicando este esquema exitoso de enseñanza y causando un impacto altamente positivo en la sociedad.

Qué orgullo que una simple iniciativa, que surgió para dar oportunidad a seres humanos que pudieran expresarse a través del ballet, hoy sea una de las instituciones más relevantes y prestigiosas en materia de formación y proyección del ballet clásico en el mundo.

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